Cuando la diferencia forma parte de la vida desde su comienzo, la percepción correcta del mundo se emborrona. Es como si tú vieras perfectamente, pero llevaras unas gafas de culo de vaso desde que naces, o quizás unas lentillas, que en vez de ayudarte, te impidieran ver con nitidez.
Así es el mundo. Triste y desgraciadamente, y aún en los países de occidente, injustamente privilegiados respecto a otros, el mundo es borroso. Mujeres y hombres (o viceversa), llevamos unas gafas de culo de vaso desde que asomamos la cabecita, y no nos damos cuenta de que la diferencia entre nosotros llega a cada pequeño detalle de la vida cotidiana.
Pongamos el ejemplo de un grupo de alumnos que están realizando un trabajo conjunto. El profesor, de género masculino, lleva puestas las gafas de culo de vaso. El equipo está formado por varias chicas y un chico.
En una conversación fluida con dicho grupo de trabajo, independientemente de la formación, interés y conocimiento del tema de cada alumno, el profesor mirará el 90% del tiempo al chico.
- Si una chica habla, aunque descubra una nueva teoría de la relatividad o la cura para el sida, el profesor la mirará con gesto aburrido.
- Si el chico se inspira y cuenta un chiste, el profesor se reirá como hacía tiempo no se reía y continuará hablando con dicho chico.
Porque todos llevamos unas gafas de culo de vaso.
